SERPIENTES



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     Existen aproximadamente 2500 especies dentro del orden Squamata, suborden Serpentes. La clasificación de McDowell (1987) incluye tres infraórdenes con un total de 16 familias, si bien las especies a las que normalmente tienen acceso los profesionales veterinarios pertenecen fundamentalmente a las familias Boidae, Pythonidae y Colubridae. Otras especies, como las serpientes venenosas (familias Atractaspididae, Elapidae y Viperidae), suelen estar reducidas desde el punto de vista veterinario a los servicios clínicos de centros zoológicos especializados. 
     Las patologías de este suborden son muy numerosas, pudiendo generalmente verse afectada cualquier especie, si bien existen patologías específicas de familias determinadas, particularmente en el caso de las enfermedades víricas. 
 

Estomatitis infecciosa ulcerativa

     Es una lesión muy común en serpientes mantenidas en cautividad, aunque también puede observarse en otros reptiles, particularmente saurios y quelónidos. Suele cursar con un incremento en la salivación, anorexia, rechazo al alimento, y se pueden observar inicialmente hemorragias petequiales, erosiones y ulceraciones de la mucosa oral (Fig. 1). En casos avanzados de la enfermedad se puede apreciar estomatitis ulcerativa difusa, necrosis por coagulación de la mucosa oral, depósito de membranas fibrinosas en la mucosa oral, necrosis gingival, osteomielitis del maxilar o mandíbula, y pérdida de piezas dentarias (Frye, 1991a). Si no se instaura un tratamiento la enfermedad progresa finalmente hacia septicemia y muerte del animal.


Fig. 1. Estomatitis infecciosa por Pseudomonas sp. en una pitón

      No suele ser una enfermedad primaria. Suele aparecer en situaciones de estrés generalmente debido a algún problema de manejo: exceso de animales, mantenimiento a bajas temperaturas, y nutrición deficiente (Mader, 1996). 
Las bacterias generalmente implicadas son bacterias gram negativas como Aeromonas spp., Pseudomonas spp., Klebsiella spp. y Salmonella spp. (Mader, 1996), aunque también pueden aislarse bacterias gram positivas como Staphylococcus sp. y Streptococcus sp. (Frye, 1991a). También se han asociado con la enfermedad en casos puntuales infecciones por  micobacterias (Quesenberry et al., 1986; Olsen et al., 1987). 
     Las dos complicaciones más frecuentes de la enfermedad son los procesos neumónicos y los casos de oftalmitis. La aspiración de los exudados inflamatorios hacia la tráquea es relativamente frecuente dada la localización anatómica de la glotis en estos animales. Por otra parte, las peculiaridades del aparato respiratorio de los reptiles, tales como la ausencia de diafragma con la consiguiente imposibilidad de eliminar estos exudados mediante la tos, y el carácter vestigial del pulmón izquierdo en la mayoría de especies (con excepción de los boidos), favorecen el acúmulo de exudados en pulmón y el desarrollo de procesos neumónicos de forma secundaria a los casos de estomatitis infecciosa (Fig. 2).  De igual modo también se pueden vehicular de forma retrógrada a través del conducto de Harder los microorganismos asociados a  estomatitis hacia el espacio virtual que existe entre la córnea y la lente o espéculo, originado una oftalmitis que puede ocasionar incluso la pérdida del globo ocular. 


Fig. 2. Neumonía purulenta por Pseudomonas sp. en la pitón de la figura 1

     En cuanto al tratamiento se recomienda el cultivo microbiológico para la identificación de los microorganismos implicados en el proceso, así como el correspondiente antibiograma. En este sentido es recomendable no obviar el cultivo en anaerobiosis ya que en ocasiones estas bacterias anaerobias pudieran ser el origen del proceso, y los antibióticos que generalmente se usan en medicina de reptiles sólo son efectivos frente a las bacterias aerobias, por otra parte mucho más frecuentemente asociadas con estas patologías (Stewart, 1990). Además de la correspondiente terapia antibiótica se recomiendan los lavados locales con soluciones yodadas diluidas, soluciones de clorhexidina, ácido acético diluido y peróxido de hidrógeno, así como fluidoterapia (Messonnier, 1996). 
 

Gastritis

     Las lesiones gástricas son relativamente frecuentes en serpientes. Generalmente los signos clínicos de estos procesos suelen ser anorexia, regurgitación postpandrial y vómito, siendo uno de los principales motivos de consulta veterinaria. 
     Como causas más frecuentes de gastritis en serpientes se citan la ingestión de cuerpos extraños, agentes parasitarios como Cryptosporidium sp., y situaciones de estrés. Además se han aislado diversas bacterias y hongos a partir de estas lesiones, aunque no existe en la mayoría de los casos una evidencia de relación directa entre la lesión gástrica y el agente aislado microbiológicamente (Frye, 1991a) 

a) Criptosporidiosis

     Dentro de las causas parasitarias, la enfermedad gástrica más común es la criptosporidiosis. Los criptosporidios son protozoos parásitos de ciclo directo que afectan a mamíferos, aves y peces, y también se han descrito en reptiles. La primera descripción de Cryptosporidium sp. en reptiles data de 1977 en el Zoo de Baltimore detectándose la enfermedad en 14 serpientes pertenecientes a cuatro especies y tres géneros (Elaphe, Crotalus y Sansinia) (Brownstein et al., 1977). Desde entonces la enfermedad se ha descrito en más de 58 especies de reptiles, incluyendo 40 especies de serpientes (boidos, colúbridos, elápidos y vipéridos), así como saurios y quelónidos (O’Donoghue, 1995). 
     Actualmente es una de las enfermedades más temidas entre los criadores de serpientes y en las colecciones zoológicas. Casi todos los casos descritos en serpientes se han asociado con gastritis crónicas, aunque recientemente se ha publicado un caso de criptosporidiosis biliar en dos ejemplares de Elaphe guttata (Cimon et al., 1996). También es destacable que la mayoría de los casos se dan en animales mantenidos en cautividad, siendo escasas las referencias en reptiles de vida libre (Upton et al., 1989). 
     Las serpientes afectadas clínicamente pueden presentar incluso un apetito normal, pero sufren regurgitaciones postpandriales de ratones no digeridos 3-4 días después de la ingestión. Además es muy característico el observar un claro engrosamiento de la región gástrica. En la necropsia son característicos el engrosamiento de la mucosa gástrica y la consiguiente disminución del diámetro de la luz  del estómago. 
     Las lesiones asociadas con criptosporidiosis en serpientes consisten en gastritis proliferativa caracterizada por la hiperplasia de las células mucosas de las glándulas gástricas. En los casos más graves existe incluso una sustitución de las células granulares, edema de la lámina propia y submucosa gástrica, presencia de infiltrado inflamatorio mixto y necrosis de la mucosa gástrica (Cranfield & Graczyk, 1996). El exceso en la producción de moco y la secreción inadecuada de enzimas gástricos origina un síndrome de mala digestión, pérdida progresiva de peso, y finalmente muerte. La parasitación también incrementa la susceptibilidad a padecer infecciones bacterianas secundarias. Microscópicamente se pueden observar fácilmente los parásitos en relación a la porción apical de las células epiteliales de las glándulas gástricas (Fig. 3)


Fig. 3. Criptosporidios en las glándulas gástricas de un ejemplar de Crotalus sp.

     La transmisión es vía oral-fecal.  Los ooquistes de criptosporidios esporulan dentro de las células hospedadoras y son infestantes inmediatamente después de ser liberados por heces (en esto se diferencian de otros coccidios como Eimeria o Isospora, que esporulan fuera del hospedador). La enfermedad no es autolimitante, y aunque todavía no se conoce con exactitud se cree que la principal fuente de infestación en serpientes son otros reptiles, descartándose la infestación a  partir de presas (ratones) con criptosporidiosis (Tilley et al., 1990). El diagnóstico in vivo se realiza mediante la detección de ooquistes de criptosporidios en heces. 
     Algunas serpientes pueden comportarse como portadores asintomáticos, eliminando periódicamente ooquistes esporulados por heces, lo cual plantea la posible existencia de varias especies de Cryptosporidium  con distinta virulencia, o bien la posibilidad que sea el sistema inmune de cada individuo el que determina la severidad de la infestación. Por otra parte, la posibilidad de que más de una especie de Cryptosporidium  parasite a reptiles podría explicar las diferentes lesiones descritas en serpientes y saurios (Upton et al., 1989). 
     Se han utilizado como tratamiento más de 50 coccidiostáticos, incluyendo sulfonamidas, pero sin resultado efectivo hasta el momento, lo cual explica el temor que ocasiona esta enfermedad.  En cuanto a los desinfectantes para la limpieza del terrario, tan sólo el amonio al 5% y el formol al 10%  se han mostrado efectivos, siendo ineficaces la lejía, el cloruro de benzalconio y el hidróxido sódico (Campbell & Tzipori, 1982). 
     Aunque no existe evidencia de zoonosis y se cree que Cryptosporidium serpentis no afecta a mamíferos, se recomienda el guardar las adecuadas medidas de higiene y protección, especialmente en el caso de personas inmunodeprimidas. 

b) Gastritis bacterianas

      Otras causas de gastritis muy frecuentes son las bacterianas. En este capítulo hemos descrito varios casos de gastritis asociadas a Salmonella arizonae (Orós et al., 1996, 1997).  El papel de Salmonella arizonae como agente patógeno en reptiles continúa siendo controvertido. Mientras algunas investigaciones demuestran que aproximadamente el 94% de los reptiles portan S. arizonae en su tracto gastrointestinal, sin aparentes efectos nocivos (Chiodini, 1982), existen descripciones de lesiones en reptiles asociadas con el aislamiento de S. arizonae en hígado, bazo, oviducto y tracto gastrointestinal, particularmente intestino (Cambre et al., 1980; Hilf et al., 1990). Se postula que S. arizonae pertenece a la microflora intestinal  habitual de muchos reptiles, pudiendo resultar altamente patógeno en situaciones de inmunodepresión (Frye, 1991a). 


Fig. 4. Gastritis necrótico-difteroide en una boa rosa asociada a infección por 
Salmonella arizonae

     Normalmente las lesiones gástricas asociadas a S. arizonae se suelen acompañar también  con lesiones a nivel intestinal. Sin embargo debe considerarse también la afectación gástrica de forma exclusiva, y por tanto este microorganismo debe ser incluido en el diagnóstico diferencial  de gastritis en serpientes (Orós et al., 1996, 1997). Las lesiones que origina la infección consisten en severa gastritis necrótica y/o fibrinonecrótica de carácter multifocal o difuso (Fig. 4). La aplicación de técnicas inmunocitoquímicas ha servido recientemente por vez primera para demostrar la asociación de S. arizonae y las lesiones gástricas en varias serpientes (Fig. 5), confirmando el carácter patógeno de este microorganismo en determinadas condiciones (Orós et al., 1996, 1997). No obstante son necesarios adecuados diseños experimentales para completar los postulados de Koch. 


Fig. 5. Inmunorreacción positiva en las lesiones gástricas de la serpiente de la figura anterior utilizando un suero anti-Salmonella  arizonae







Cloacitis necrótica

     Estos procesos generalmente se relacionan con malas condiciones higiénicas y de manejo, que favorecen la proliferación de varias bacterias. Debido a su localización anatómica la cloaca de estos animales suele ser especialmente susceptible a padecer severas infecciones bacterianas. Las lesiones suelen ser de tipo necrótico y ascienden rápidamente afectando a los últimos tramos de intestino desencadenando una enteritis necrótica. 
     En los casos leves puede acompañarse del prolapso de uno o ambos hemipenes en el macho, incluso pueden verse afectadas las glándulas del rastro (scent glands).  En algunas ocasiones las lesiones pueden estar inducidas por los traumatismos originados  al intentar determinar el sexo del animal. El tratamiento debe incluir terapia antibiótica local y parenteral. 
 

Neumonías

     Debido a su sistema respiratorio relativamente simple, los reptiles son especialmente susceptibles a padecer infecciones respiratorias severas. La mayoría carecen de un verdadero diafragma funcional, con lo que el reflejo de la tos no puede llevarse a cabo. Por lo tanto, el único sistema defensivo mecánico es el movimiento ciliar, movimiento que fácilmente se altera en el curso de infecciones, con lo cual los procesos neumónicos se agravan progresivamente. 
     Pueden ocurrir como una entidad primaria, o bien por extensión de una estomatitis, o por el establecimiento de un microorganismo normalmente comensal en una localización anormal como el pulmón. 
      En serpientes son especialmente graves puesto que la mayoría sólo presentan un pulmón funcional (el derecho), salvo especies más primitivas como boas y pitones, donde están presentes ambos pulmones (aunque el izquierdo es más pequeño). 

a) Neumonías bacterianas

     Dentro de las neumonías de etiología bacteriana, las bacterias más frecuentemente aisladas son microorganismos gram negativos como Aeromonas, Pseudomonas, Klebsiella y Proteus (Hilf et al., 1990). Aunque alguno de estos microorganismos pueden aislarse de la cavidad oral de serpientes clínicamente sanas, su aislamiento del tracto respiratorio inferior debe considerarse de importancia diagnóstica  (Murray, 1996). También es necesario considerar nuevamente el aislamiento en anaerobiosis con el fin de establecer un diagnóstico preciso y un tratamiento efectivo (Stewart, 1990). 
     Los signos clínicos consisten en disnea inspiratoria, normalmente con la boca abierta, descarga nasal y/o ocular mucopurulenta  y signos inespecíficos como letargia y anorexia. Histológicamente los procesos bronconeumónicos se caracterizan por la presencia de exudados inflamatorios compuestos por heterófilos y células mononucleares en las luces de las vías aéreas e infiltrando el epitelio respiratorio, observándose en ocasiones microtrombos  en vénulas y capilares. 

b) Neumonía por paramyxovirus

     Existe un virus identificado como paramyxovirus, capaz de producir una neumonía generalmente de curso fatal en serpientes, especialmente en vipéridas. 
La primera descripción data de 1972 en un serpentario de Suiza afectando a una colección de Bothrops atrox. Desde entonces se han sucedido numerosos brotes afectando fundamentalmente a vipéridos (también se han descrito en colúbridos, boidos y elápidos) en USA, Méjico, Argentina y Alemania (Foelsch & Leloup, 1976; Jacobson et al., 1981, 1992). 
     Los signos clínicos son fundamentalmente respiratorios, boca completamente abierta, presencia de material purulento en glotis, y signos convulsivos agónicos en algunos casos.  Las lesiones consisten en hemorragias difusas en pulmón y sacos aéreos, acúmulos de restos celulares necróticos en las vías aéreas pulmonares, engrosamiento de los septos interalveolares y presencia de infiltrado inflamatorio mixto (Fig. 6). Ocasionalmente se observan inclusiones intracitoplasmáticas en las células epiteliales pulmonares. Mediante una técnica inmunocitoquímica se ha puesto de manifiesto el antígeno vírico en relación a las lesiones histológicas del pulmón (Homer et al., 1995). 


Fig. 6. Neumonía por paramyxovirus en una serpiente de cascabel

      Aunque no son frecuentes los signos nerviosos, se describió un caso de encefalitis en una serpiente de cascabel asociado a la infección por paramyxovirus, con desmielinización y degeneración axonal (Jacobson et al., 1980). 
     Parece ser que las temperaturas ambientales subóptimas pueden favorecer la activación de una posible infección latente. La vía de infección es fundamentalmente aerógena aunque no pueden descartarse otras rutas. Se han aislado varios paramyxovirus empleando cultivos celulares. Recientemente se ha realizado un estudio experimental en serpientes de cascabel confirmándose los postulados de Koch (Jacobson et al., 1997). 
     Por lo que respecta al diagnóstico in vivo existen dos Universidades americanas donde se realiza rutinariamente un test de inhibición de la hemoaglutinación para detectar anticuerpos frente al virus. Dado que no hay tratamiento efectivo, se recomienda controlar mediante antibióticos las infecciones secundarias por bacterias gram negativas. También se ha desarrollado una vacuna muerta que fue testada en serpientes de cascabel pero que indujo una respuesta demasiado variable como para considerarse eficaz (Jacobson et al., 1991). Actualmente investigadores de la Universidad de Florida intentan evaluar la aplicación de una vacuna atenuada. 
    Recientemente la enfermedad ha sido descrita por primera vez en España afectando a varias serpientes de colecciones privadas en las Islas Canarias. Para ello se utilizó una técnica inmunohistológica (Fig. 7) y un sueropoliclonal frente a OPMV (Orós et al., 2001).


Fig. 7. Detección inmunohistológica de paramixovirus

 



c) Neumonía micótica

     Las neumonías de origen micótico no son muy frecuentes en serpientes, estando asociadas generalmente a malas condiciones higiénico-sanitarias, tratamientos prolongados con antibióticos, mantenimiento a temperaturas inferiores a la temperatura óptima de la especie y situaciones de inmunodepresión. 
    Se ha descrito un caso de criptococosis  por Cryptococcus neoformans en una anaconda (Eunectes murinus) (McNamara et al., 1994) consistiendo las lesiones en neumonía granulomatosa multifocal y meningoencefalitis granulomatosa. 

d) Neumonías parasitarias

     Entre los nematodos asociados con neumonías en serpientes destacan por su frecuencia de presentación las especies del género Rhabdias. Aunque generalmente son parásitos primarios de pulmón también se han descrito en el saco pericárdico y cavidad celómica (Frye, 1991b). Las formas parasitarias adultas (fase de partenogénesis) que se encuentran en pulmón liberan huevos embrionados o larvados que junto con las secreciones respiratorias llegan a la cavidad oral donde son deglutidos y eliminados por heces. Los signos clínicos incluyen disnea, boca abierta, y excesiva salivación. Las lesiones pulmonares pueden ser severas en determinados casos, particularmente cuando existen malas condiciones higiénico-sanitarias y excesiva humedad ambiental. El diagnóstico se basa en la identificación de los huevos embrionados o larvados en la saliva o heces. 
      Los pentastómidos son más bien artrópodos primitivos que viven exclusivamente como endoparásitos en el pulmón. Los géneros más comunes descritos en serpientes son Raillietiella, Kiricephalus y Armillifer.  Los parásitos adultos liberan huevos larvados que tras ser deglutidos son eliminados por heces. Los huevos son ingeridos por un hospedador intermediario, frecuentemente roedores, donde se desarrolla una fase larvaria a su vez infestante para la serpiente que actúa como hospedador definitivo. Las lesiones pulmonares se deben al daño tisular que originan los parásitos en la zona de fijación al pulmón. Dado que el hombre puede actuar accidentalmente como hospedador intermediario, se recomienda adecuada protección (Frye, 1991b). 
 

Gota visceral

     En serpientes al igual que otros reptiles la excreción de los residuos nitrogenados en forma de ácido úrico, insoluble, permite un ahorro importante de agua. Cuando hay un exceso de ácido úrico (hiperuricemia) éste cristaliza y forma precipitados insolubles que se depositan en riñón (gota renal), o en las serosas de otros órganos como hígado, saco pericárdico (Fig. 8) y en la mucosa oral (gota visceral). 


Fig.8. Depósito de uratos sobre el pericardio en un ejemplar de 
Lampropeltis triangulum sinaloae

      Entre las causas que pueden inducir una hiperuricemia en serpientes destacan las causas que impiden una correcta perfusión glomerular, como deshidratación y daño renal. Dentro del capítulo de lesiones renales, hay que resaltar la nefrotoxicidad de los antibióticos aminoglicósidos (ej., gentamicina) y sulfamidas, pudiendo provocar tubulonefrosis (Jacobson, 1976). Es conveniente indicar las posibles implicaciones del sistema venoso porto-renal característico de numerosos reptiles, recomendándose que la región drenada por el sistema venoso porto-renal no debe ser utilizada para la administración de drogas potencialmente nefrotóxicas. También se han descrito casos de gota visceral asociados  con severa parasitación de los túbulos renales por trematodos del género Styphlodora (Frank, 1981). Recientemente se ha descrito un caso de gota visceral en un ejemplar de falsa coral de Sinaloa (Lampropeltis triangulum sinaloae) con hipoplasia renal (Orós et al., 1998b).
     Histológicamente se observan los depósitos de uratos con una conformación estrellada y una reacción inflamatoria compuesta por heterófilos y macrófagos fundamentalmente, así como diversos grados de destrucción glomerular en caso de gota renal. 
 

Enfermedades víricas

      La neumonía por paramyxovirus (descrita anteriormente) es la enfermedad vírica en reptiles estudiada con mayor profundidad hasta la fecha. Existen otras descripciones de infección vírica en serpientes, si bien con la excepción de la inclusion body disease (IBD) han sido casos esporádicos que han afectado a escasos animales. 

 a)  “Inclusion body disease” 

      La enfermedad conocida como Inclusion body disease (IBD) es una enfermedad que se reconoció inicialmente a mediados de los años 70 afectando a boidos. Hasta los años 80 los animales afectados eran fundamentalmente pitones de Birmania (Python molurus bivittatus), mientras que a partir de los años 80 y hasta la actualidad se presenta con mucha mayor frecuencia en ejemplares de boa constrictor (Boa constrictor). También existen otras descripciones puntuales en ejemplares de esta misma familia, y sorprendentemente en un colúbrido, concretamente en un ejemplar de Lampropeltis getulus que había sido alojada con boas constrictor. 
      La enfermedad actualmente es la principal patología en boidos, sobre todo en Estados Unidos, donde constituye una verdadera lacra para los criadores. Pero también existen descripciones en África, Australia,  Europa y en las Islas Canarias (Schumacher et al., 1994b; Carlisle-Nowak et al., 1998; Orós et al., 1998a). Los signos clínicos que presentan las serpientes afectadas consisten en regurgitaciones crónicas y síntomas nerviosos como incoordinación, desorientación y opistótonos. Histológicamente la enfermedad se caracteriza, y de ahí recibe la denominación  de IBD, por la presencia de inclusiones intracitoplasmáticas eosinófilas en las células de distintos órganos, fundamentalmente en las células acinares del páncreas (Fig. 9), hepatocitos, y en las neuronas del SNC. 


Fig. 9. Inclusiones intracitoplasmáticas en el páncreas de una boa de las Islas Salomón con Inclusion body disease

       Recientemente se han aislado dos retrovirus a partir de dos serpientes con IBD, pero varias peculiaridades de la enfermedad como la naturaleza de las inclusiones, la dificultad en detectar partículas víricas en las células con inclusiones y el hecho que las serpientes de esta familia puedan ser hospedadores de varias infecciones por retrovirus  con diferente potencial patógeno necesitan ser estudiadas con mayor profundidad (Orós, 1998). 

b) Otros retrovirus

         Otros retrovirus en serpientes están relacionados con la presencia de tumores. Así, se han identificado partículas retrovíricas tipo-C  en un rabdomiosarcoma de una Elaphe guttata (Lunger et al., 1974) en células esplénicas de una Vipera russelli con un myxofibroma, en una boa constrictor con eritroleucosis, y en varios ejemplares de víboras brasileñas con tumores renales (Hoge et al., 1995). También se han identificado retrovirus en dos líneas celulares de Vipera russelli libres de tumores, y en las glándulas venenosas de siete víboras Jararacussu (Carneiro et al., 1992). 

c) Adenovirus

     Se han descrito infecciones por adenovirus en un ejemplar de Boa constrictor y en dos ejemplares de boa rosa (Lichanura trivirgata) (Jacobson et al., 1985; Schumacher et al., 1994a). Las lesiones fundamentales consistieron en presencia de focos de necrosis hepática con cuerpos de inclusión intranucleares basófilos en hepatocitos, confirmándose la etiología mediante ME.

d) Herpesvirus

     Se ha descrito en dos ejemplares juveniles de Boa constrictor. Las lesiones fundamentales consistieron en presencia de focos de necrosis hepática con cuerpos de inclusión intranucleares anfofílicos en hepatocitos, confirmándose la etiología mediante ME (Hauser et al., 1983) 
 

Parásitos

      Como ectoparásito más representativo en serpientes cabe citar el ácaro Ophionyssus natricis (Fig. 10). Se encuentran bajo las escamas preferentemente en la región periocular y en la región ventral de la mandíbula. Se ha demostrado que pueden ser portadores de bacterias patógenas, como Aeromonas hydrophila, bacteria asociada a procesos de estomatitis necrótica y neumonías. También se especula que pueden actuar como vectores del agente etiológico de la IBD (Schumacher et al., 1994b). 


Fig. 10. Acariasis en una pitón albina que murió con lesiones de neumonía bacteriana

     Además de otros endoparásitos descritos en anteriores apartados destacan por la frecuencia de presentación los nematodos ascáridos como Ophidascaris  (Fig. 11) y Polydelphis. Los parásitos adultos se encuentran en esófago, estómago o intestino delgado de serpientes, causando en casos graves obstrucción intestinal, ulceraciones gástricas, así como erosiones en el tracto gastrointestinal, perforación de la pared gástrica y celomitis. Como hospedadores intermediarios actúan diversas especies de roedores y anfibios. El diagnóstico se basa en la detección de huevos en las heces.  Otros nematodos menos frecuentemente detectados en el tracto gastrointestinal de serpientes son diversas especies de strongylus y trichostrongylus.


Fig. 11. Parasitación por Ophidascaris en el estómago de una víbora

     En cuanto a los cestodos descritos en serpientes destacan los órdenes Proteocephalidea, Pseudophyllidea y Mesocestoididea. Dentro del primer orden se incluyen los géneros Crepidobothrium y Ophiotaenia que parasitan el intestino delgado de serpientes, actuando como hospedadores intermediarios diversos anfibios. Dentro del orden Pseudophyllidea destaca en serpientes el género Spirometra, parásitos cuyo ciclo contempla la  existencia de varios hospedadores intermediarios; en este caso las serpientes actúan como hospedador intermediario de los pleurocercoides o espargana presentes en la musculatura, siendo los hospedadores definitivos félidos, cánidos y ocasionalmente humanos. Bothridium spp. parasita como adulto a boidos. Dentro del orden Mesocestoididea la familia Dilepididae incluye parásitos de aves y mamíferos cuyas fases larvarias (cisticercos) parasitan a serpientes localizándose en cavidad celómica e hígado. La familia Mesocestoididae incluye tenias que parasitan el intestino de mamíferos carnívoros y cuyas fases larvarias conocidas como tetratiridios parasitan a serpientes localizándose encapsulados en riñón, hígado, pulmón, cavidad celómica y pared intestinal.
 

Malformaciones congénitas

    Las malformaciones congénitas en serpientes son mucho más frecuentes que en mamíferos. Las causas de todas estas malformaciones suelen relacionarse con temperaturas de incubación inadecuadas, generalmente inferiores a la óptima. Entre las malformaciones más llamativas destacan las duplicaciones de partes corporales, especialmente las llamadas serpientes de dos cabezas (Fig. 12). Ya en el siglo IV a. C. Aristóteles describió un ejemplar con este tipo de malformación (Smith & Chiszar, 1988). Algunos de estos ejemplares son viables hasta edad adulta. En ocasiones se acompañan de otras malformaciones como la descrita en un ejemplar bicéfalo de Lampropeltis hondurensis que presentó una malformación traqueal (Orós et al., 1997), favoreciendo la aparición de otras patologías. 


Fig. 12. Ejemplar de Lampropeltis  triangulum hondurensis con dos cabezas

     También son muy frecuentes los casos de microftalmia o anoftalmia en serpientes, siendo perfectamente viables los ejemplares afectados. 
 

Oncología

     Las serpientes constituyen el grupo de reptiles donde se han descrito un mayor número de neoplasias. Una de las mejores y más actualizadas clasificaciones de tumores en serpientes en función del órgano afectado, tipo de tumor y especie de serpiente es la realizada por Done en 1996. 


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